Vivir sin amor

Publicado: 11 septiembre, 2011 en Sin categoría

La inteligencia sin amor te hace perverso.

La justicia sin amor te hace implacable.

La diplomacia sin amor te hace hipócrita.

El éxito sin amor te hace arrogante.

La riqueza sin amor te hace avaro.

La docilidad sin amor te hace servil.

La belleza sin amor te hace ridículo.

La verdad sin amor te hace hiriente.

La autoridad sin amor te hace tirano.

El trabajo sin amor te hace esclavo.

La sencillez sin amor te envilece.

La ley sin amor te esclaviza.

Hoy navegando por internet me he encontrado con estas pequeñas frases. Y la verdad es que tienen razón… en parte. Tienen razón en que las cosas cambian cuando no hay sentimientos, pero esos sentimientos no tienen por qué ser amor. Puedes sentir aprecio, cariño, amistad… incluso la pena tiene la capacidad de hacer que el hombre no sea perverso, tirano ni muchas de las cosas que aparecen en esas pequeñas frases (de las cuales hay más, pero yo he dejado las que más me han gustado). Pero los sentimientos tienen la capacidad de conseguir también  que una persona sea hipócrita, ser esclavo, ser servil… ¿Cuántas veces hemos cambiado por un sentimiento hacia otra persona? ¿Cuántas veces en nuestras vidas habremos sido serviles en exceso con tal de no perder a esa persona, de que no le siente mal algo que le decimos a un amigo? ¿Cuántas veces hemos sido hipócritas en vez de diplomáticos para que en nuestro grupo de amigos no haya roces? Los sentimientos son la llave que hacen que las cosas cambien. Es lo que nos hace humanos.

El tener sentimientos hacia alguien es, al fin y al cabo, una debilidad. A muchos de nosotros nos pueden atacar directamente y apenas afectarnos lo que nos digan, pero en el momento en el que atacan a alguien por el que profesamos algún tipo de sentimientos, la cosa cambia. Si de verdad alguien quiere hacer daño a alguien la mejor vía es a través de los sentimientos. Somos completamente manipulables gracias a ellos. Nos convertimos en títeres a manos de los sentimientos. Tan sólo hay que ver el ejemplo de las personas psicópatas, personas sin sentimientos. Debido a un fallo en su sistema límbico, son incapaces de tener sentimientos, y es por eso por lo que mienten sin piedad, hacen el daño que tengan que hacer sin tener ningún tipo de remordimientos… Cosas que una persona “normal” sería incapaz de hacer sin tener un mínimo de culpabilidad. Los sentimientos nos atan, nos refrenan, nos hacen más vulnerables.

También nos dejan una huella imborrable. Cuando tenemos una pareja, esta pareja llena prácticamente todo nuestro “espacio” en lo que solemos llamar corazón. Cuando esa persona desaparece, se queda siempre ahí. No ocupa todo el espacio, pero se mantiene en un pequeño porcentaje. Es un terreno del que esa persona se ha adueñado y en el que nadie más volverá a pisar. Esa persona ya se llevó esa parte, y siempre estará ahí. La persona que vaya a entrar en un futuro en nuestras vidas después de una pareja, tendrá que convivir con el recuerdo de las anteriores. Miedos, cosas que sabemos que es mejor no hacer, historias que no querremos repetir, palabras que no querremos decir, incluso momentos que no se volverán a vivir de la misma manera. Iremos con más cuidado en las experiencias futuras por miedo a que nos vuelvan a hacer daño, o a volver a hacerle daño a la otra persona. Es un fantasma que llevamos siempre a las espaldas. Esa persona ya se llevó un poco de nuestros sentimientos, y no nos lo devolverá en ningún momento. Y si lo hace, será cuando pase mucho mucho tiempo y la persona que ha llegado nueva ha tenido la fuerza suficiente como para expulsar ese fantasma que estaba ahí.

Es por todo esto que sí, se puede vivir sin amor, sin sentimientos. La vida será ligeramente distinta, la saborearemos de otra forma, con más recelo, teniendo más cuidado en algunas ocasiones, pero en la mayoría de los casos siendo menos cuidadosos porque pensaremos que si al fin y al cabo nos van a volver hacer daño, mejor golpear primero… hasta que llegue de nuevo alguien que nos haga sentir, hasta que nos demos cuenta de que nunca hemos dejado de tener sentimientos: por nuestros amigos, nuestra familia… Entonces volveremos a ir con cuidado de no hacer daño. Es tan complicado todo esto de los sentimientos…

El precio de la amistad

Publicado: 9 agosto, 2011 en Sin categoría

Desde que somos pequeños nos dicen que el dinero no lo puede comprar todo, que hay cosas a las que no se les puede poner precio… Yo siempre he pensado que eso no es así, que todo tiene un precio, aunque sí que es verdad que hay sentimientos que no se pueden comprar. El dinero sólo te ayuda a enmascararlos, a hacer pensar al otro que los tienes. La amistad y el amor son ejemplos de esas cosas que el dinero no debería comprar.

El caso es que sólo hay que echar la vista atrás para darnos cuenta del valor tan efímero que tiene la amistad. Nos enfadamos con amigos porque no nos dan algo, porque no nos compran regalos de cumpleaños. Basamos nuestras relaciones en una mera transacción. ¿Es eso lo que vale la amistad, el precio de un regalo, de un detalle? Es un valor demasiado pequeño para una amistad. Si alguien mide su amistad por los regalos que le haces… mal vamos por ahí. Poco a poco vamos creciendo y esa situación no nos es ajena. Es más, participamos de ella. ¿Quiere decir eso que nunca podríamos ser amigo de alguien que por algún motivo no tiene dinero? Paseando vi una imagen que me asombró: una chica hablaba con un indigente. Hablaba con esa cercanía que sólo la amistad puede dar. Quise imaginar que esa chica vio a la persona que hay detrás y no lo que le podía dar. Pero eso nunca lo sabré.

Puedo llegar a entender que te moleste que alguien no sea capaz de gastarse 3 € en alguien y comprarle un detalle. Es un precio mínimo que probablemente te gastes en un paquete de tabaco o en cualquier otra cosa. No es que sea justo, pero nos sucede a todos, aunque si una amistad es verdadera, eso se termina perdonando. Incluso cuando la amistad es sólo por una de las partes. Lo que no me parece lógico es que de la noche a la mañana se rompa una amistad por no poder pagar un precio alto. Y no es que dejen de hablarte porque no lo pagues, sino porque te sustituyen por los que sí pueden pagarlo. No es que no te quieran porque no lo puedes pagar, no, sino porque hay personas que sí. Es una forma indirecta de decirte el precio de tu amistad.

La amistad también puede tener un precio simbólico: el precio de lo que puedes darle a la otra persona. En cuanto dejas de ser útil esa persona desaparece y sólo vuelve a aparecer cuando necesita algo de ti, que casualmente suele ser siempre lo mismo. Por mucho que pase, siempre volvemos a caer en lo mismo. No nos damos cuenta de que la mitad de las personas que nos hablan, lo hacen para conseguir algo de nosotros. Y aún así seguiremos haciéndolo. Somos seres sociables, buscamos el pertenecer a un grupo, pertenecer a la sociedad, y estamos dispuestos a pagar ese precio como sacrificio, aún a peso de que te tomen por primo (véase gilipollas). Nos da igual lo que valga con tal de que nos acepten, de “sentirnos queridos”, aunque como ya dije antes, ese sentimiento sea sólo una máscara: una ilusión que nos enseñan y con la que siempre nos engañarán de una forma o de otra.

Lo más triste de todo es que llegue un día en el que te das cuenta de que lo que te unía con esa persona no era real, que tenía un precio. En mi caso 1200€. Y es que si una amistad desaparece por algún tema de dinero, o el dinero realmente lo puede comprar todo, o es que esa amistad no era verdadera.

A todos, nuestras madres/padres nos han dicho alguna vez esa frase de: “Los niños a las niñas le dan besitos” (y viceversa en el caso contrario). Esto es algo que pasa cuando te estás peleando con tu prima o con alguna amiga, y le pegas. Es entonces cuando te coge tu madre y te dice esa “frase de madre”, porque como todos sabemos, las madres tienen frases que da igual de donde sea tu madre que te va a decir las mismas frases: “tú sabrás dónde has puesto las cosas, si las guardaras tú…” o “¿te has puesto calzoncillos limpios? Es por si te pasa algo que no tengas los calzoncillos sucios. Y así infinitas frases que todos conocemos. –Y no, “Andreita, coño, cómete el pollo“, no es una frase típica de madre, por mucho que Belén Esteban esté a todas horas en televisión y sea la princesa del pueblo. — Pues bien, todos crecemos y esa frase se repite durante toda nuestra infancia, hasta que llegas a la adolescencia. Es entonces cuando tu madre decide que esa frase ya no le mola tanto, y ya no quiere que a las niñas se le den besitos. Es más, que te vea tu madre dándole un besito a una niña, que verás todo lo que pasa. Antes hacía gracia que le dieras el besito, ahora ya no les hace tanta gracia. Aver madres del mundo, ¿por qué hacéis eso? Con el trabajo que nos costó asimilar eso, cuando decidimos hacer uso de las cosas que nos enseñáis y haceros caso, vais y nos decís que no, que no hace falta dar tantos besitos a las niñas. Nunca lo entenderé. En cuanto te echas novia, la frase cambia. En el momento en que tu madre huele que hay alguna chica cerca, aparece la frase “ten cuidadito“. Es la misma que te dice siempre que sales de fiesta acompañada de “no vengas tarde, y si ves una pelea, ya sabes“, lo único que ahora tiene otra intención. Sí, es que tengas cuidado con lo que tú piensas, con ella, que no hagas cosas “malas” (entendiendo por malas a cualquier cosa relacionada mínimamente con el acto sexual).

Todo esto lo digo desde el punto de vista de un hombre, pero si eres chica, esta misma historia pasa con más fuerza. Si eres tío, tu padre está siempre de coña contigo sobre las niñas, pero si eres una niña… ¡ja!, esas bromas no se hacen. Que su hija pueda estar con alguien… ch ch ch, por ahí no se pasa. En el momento en el que entras en casa de tu novia, su padre te mira de arriba a abajo, y te dice que te sientes. Tú te sientas en el primer asiento que encuentras, que casualmente es el asiento de su padre (eso es algo típico de padres, todos tienen un asiento que es SUYO, y solo SUYO. NADIE puede sentarse en él. Pues sí, tu te sientas en él. Es entonces cuando te vuelve a mirar, y por su mente pasa la idea de: “éste es el mamón que se está zumbando a mi hija“. Bienvenido a la familia… Y que no te vea haciendo uso de la frase “a las niñas se le dan besitos“, porque en ese momento, se pueden olvidar de la existencia de la frase, y entonces sólo se acordarán de la existencia de tu familia.

Bienvenida

Publicado: 10 marzo, 2010 en Sin categoría

Pasad, pasad.

Un ático es un lugar para vivir, para hablar, para estar a gusto. Pues eso es lo que voy a intentar aquí, estar a gusto, tener un sitio en el que poder hablar tranquilamente, y de lo que me apetezca.

Ahora mismo está vacío, pero espero poco a poco ir amueblándolo con mis ideas, mis pensamientos, o cualquier cosa que se me vaya ocurriendo sobre la marcha.

Así que, sin más, bienvenidos a mi ático.